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“Me hace crecer como persona tener una razón para luchar por los derechos como mujer indígena”

6 Febrero 2016

Rosalba Cabrera Mecha es una mujer indígena embera y profesional de la salud en el departamento de Chocó a quien llaman cariñosamente: “Omaira”. Ella lidera procesos para la erradicación de la práctica de la Mutilación Genital Femenina (MGF) en la región, mediante la realización de acercamientos a las prácticas nocivas y la actuación tanto de instituciones estatales como autoridades indígenas en el departamento de Chocó.

Como mujer le gusta participar en los procesos  organizativos, tener voz y voto en el desarrollo de actividades que beneficien a las comunidades indígenas, sin diferencia alguna y respetando la cosmovisión cultural como pueblo. Según ella, hacer parte de estos procesos que contribuyen con la promoción de los derechos sexuales y reproductivos de las niñasy mujeres: Me hace crecer como persona tener una razón para luchar por los derechos como mujer indígena”.

En el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, El Fondo de Población de las Naciones Unidas, entrevistó a Omaria para que desde su perspectiva como mujer embera y profesional de la salud nos hable sobre la situación de ésta práctica en el departamento del Chocó.

Desde su experiencia y conocimientos sobre salud en el departamento del Chocó, ¿Cuál es la situación de la salud sexual y reproductiva de las mujeres y niñas indígenas en la región?

Para la población indígena, en el caso de los mayores hablar de salud sexual reproductiva es un tabú; la nueva generación que ha sido afectada por el desplazamiento y otras situaciones relacionadas con el conflicto armado, se encuentra obligada a proteger su salud sexual y reproductiva, por ejemplo, con el uso de condones. Pero en este contexto se debe entender que son pocas las personas que conocen los métodos de planificación familiar, en muchas de las comunidades indígenas. Un ejemplo es el caso de las mujeres indígenas, quienes por cultura se casan muy jóvenes, siendo aún menores de edad (18 años), y a los 21 años ya son madres de 4 a 5 niños o niñas. Los embarazos tempranos afectan la salud de las niñas y adolescentes, en cuanto al desarrollo de cualquier patología como la anemia, hemorragias, entre otros. Así mismo, cuando se dan casos de abortos, no existe información con respecto al cuidado que se debe tener en estas situaciones. Los hombres, por ejemplo, después de un aborto insisten en que su pareja se embarace inmediatamente, olvidando las afectaciones que esto le puede causar a la mujer.

Estas situaciones hacen evidente la ausencia del Estado; falta mucho compromiso institucional para responder a los embarazos tempranos, a las consecuencias en la vida sexual de las mujeres por razones relacionadas con el conflicto armado en la zona y otros factores que afectan de la misma manera la salud sexual y reproductiva de las personas en la región.

Es importante resaltar que falta implementar estrategias educativas de sensibilización en las comunidades para que la población indígena entienda la importancia de conocer cómo funciona nuestro cuerpo relacionado a la reproducción humana, cómo cuidarlo, pero sobre todo, entender que todo esto es un  proceso de aprendizaje educativo que debe estar acorde con la cultura y las costumbres de una comunidad, para que de esta manera se encuentren mecanismos de mejoramiento que incluyan el derecho a la salud sexual y reproductiva para nuestras comunidades indígenas.

La ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia) ha reconocido la existencia de varias prácticas nocivas que afectan la salud y la vida de las niñas y las mujeres en diferentes pueblos indígenas entre los cuales se encuentra el Embera, el cual tiene presencia en el departamento del Chocó. Teniendo en cuenta que una de éstas prácticas reconocidas es la mutilación genital femenina, desde su experiencia, nos puede contar ¿si esta práctica conocida como “curación” sigue ocurriendo en el departamento?

En el departamento del Chocó ocurre en algunas comunidades, como en el caso de Bagadó y Alto Baudó, los Embera Katios realizan esta práctica, específicamente, las abuelas. Durante las capacitaciones que se realizan a las parteras, en las comunidades, se discuten estos temas. Lo que se busca es que las abuelas tomen conciencia de que esta práctica no está relacionada con el cuidado, ni mucho menos con el amor, sino que es un asesinato con conciencia, porque viola los derechos fundamentales de las niñas, se les quita el derecho de vivir en libertad. Estas capacitaciones son un trabajo conjunto con las autoridades indígenas e instituciones competentes para que no se siga violentando la vida de las niñas. Desde mi punto de vista, considero que si esto ocurriera con los hombres y fuera a ellos a los que se les cortara el pene, seguramente se tendría otra visión del tema.

¿Qué consecuencias ha tenido la mutilación genital femenina para la salud sexual y reproductiva  de niñas y mujeres indígenas en el departamento?

La muerte de las niñas, ya que esta práctica ha causado que las niñas se desangren antes de llegar a un centro de salud. Esta práctica produce muerte, afecta la salud de las niñas y mujeres, vulnera sus derechos y pone en riesgo la pervivencia de la población indígena.

¿Qué acciones se han desarrollado para erradicar ésta práctica en el departamento? ¿Cuál es la respuesta de las instituciones estatales, internacionales y de las autoridades indígenas para su erradicación en el Chocó?

En el momento en que se conoce públicamente que una niña muere por causa de la mutilación se hace divulgación del tema, pero luego todo queda en silencio, se olvida.  Se han realizado algunas acciones para sensibilizar a parteras, funcionarios y funcionarias en lugares como Baudó (Alto y medio Baudó) y San Juan (Alto y medio) de la mano con las Naciones Unidas. Por ejemplo, cuando se realizan talleres sobre el tema del parto seguro, se aborda la situación de la mutilación genital femenina con las parteras y se intenta hablar de esto con el fin de sensibilizarlas con respecto a las consecuencias y daños que produce. Pero no es suficiente hablar de esto, es necesario que las instituciones y las autoridades indígenas lo asuman con la importancia que le merece.

En el caso de las autoridades indígenas hay indiferencia, y como es un tema que afecta a la mujer, con mayor razón. Por otro lado,  como la práctica se ha relacionado con la cultura, hasta ahora no se han realizado mecanismos concretos para el mejoramiento de la salud de las niñas y mujeres de las comunidades. Personalmente pienso que somos nosotras y nosotros mismos quienes también debemos tomar las riendas de estas acciones mal llamadas “culturales” y darle fin a esta situación, porque ninguna cultura hace daño y mucho menos mata.

En cuanto a las instituciones locales no hay acciones concretas. Lo que se puede buscar es un mecanismo de sensibilización para  las abuelas que son las protagonistas de esas prácticas ancestrales, y coordinar acciones con las instituciones locales y nacionales para garantizar los derechos de las niñas.

Colombia sigue siendo el único país de Latinoamérica y el Caribe que realiza esta práctica, en este sentido ¿cuáles considera que son los desafíos o retos que enfrenta el país para erradicarla a nivel local y nacional?

La igualdad de condición para las mujeres y las niñas. Lo fundamental es que las mujeres indígenas hagan valer sus derechos, tomen conciencia de que son importantes como generadoras de vida, y también para transformar la práctica, de lo contrario ésta práctica seguirá ocurriendo.

Desde su vivencia personal y/o profesional en los procesos de erradicación de la práctica en el departamento ¿cuéntenos una de las experiencias más significativas o impactantes sobre este tema?

Con la OPS (Organización Panamericana de la Salud), en una de tantas comunidades se realizó una capacitación dirigida a las parteras, en la que se entregaron unos kit de parto limpio a las abuelas. Algunas jóvenes han estado asistiendo a esas capacitaciones. En una ocasión, las abuelas hablaron de las razones por las que los hombres abandonan a las mujeres, una de ellas dijo que las mujeres no podían hacer el coito bien porque tenían un pene igual al de ellos, ósea que tenían el clítoris largo como un pene, refiriéndose a las mujeres que no han experimentado la mutilación del clítoris. Esa era la razón por la que al hombre no le gustaba tener relación con la señora. A esto una de las jóvenes respondió: “Tía, ¿y por qué las mujeres no dicen que no les gusta acostarse con un hombre porque tiene el pene muy  grande?, ¿por qué nos tenemos que criticar a nosotras mismas?, ¿no cree que somos culpables de las muertes de las niñas?, si ésta práctica es para que no se tengan relaciones sexuales con otros hombres, por qué entonces esas niñas a las que se le ha practicado la mutilación no tienen una relación estable con sus parejas, ¿qué pasa en esos casos?”. La  abuela no respondió. La verdad es que me pareció aceptable la reflexión de la joven.

6 de febrero de 2016.