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Sandra, una mujer que inspira y siembra esperanza en El Talento, Cúcuta

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Historia

Sandra, una mujer que inspira y siembra esperanza en El Talento, Cúcuta

calendar_today 31 Julio 2026

Mujer adulta escribiendo
UNFPA Colombia

Sandra decidió convertir cada dificultad en una oportunidad para ayudar a otras mujeres.

Hace años, la vida que había construido junto a su familia cambió. Las amenazas contra el negocio familiar los obligaron a abandonar todo de un día para otro y dejar atrás la estabilidad para llegar a El Talento, un asentamiento ubicado en la periferia de Cúcuta, Norte de Santander, frontera con Venezuela. Sandra recuerda que cuando llegaron apenas había unas cuantas viviendas, no contaban con agua potable ni energía eléctrica, los caminos eran difíciles de transitar y el calor se sentía en cada respiro.

"Emocionalmente fue muy difícil para mí y para mis hijas", comparte Sandra. Sin embargo, en sus palabras, entendió que solo tenía dos caminos: quedarse atrapada en la tristeza o reinventarse, y eligió la segunda opción.

Con el tiempo comprendió que los desafíos que enfrentaban ella y su familia también eran compartidos por otras mujeres del territorio. El Talento es un lugar donde llega población migrante, familias desplazadas por el conflicto armado y personas que buscan reconstruir su vida en medio de un contexto donde las dinámicas de violencia y las dificultades de acceso a servicios esenciales siguen representando un reto permanente.

En Norte de Santander, solo durante 2025 se registraron 4.143 casos de violencias basadas en género y, a mayo de 2026, la cifra ascendía a 1.733 casos, predominando la violencia física y la violencia sexual. En contextos como este, crear redes de apoyo y fortalecer las capacidades de las comunidades para prevenir, reconocer y responder a estas violencias es fundamental.

Fue precisamente allí donde comenzó el camino que transformaría la vida de Sandra. En 2019, una vecina la invitó a participar en el Espacio Seguro para mujeres, liderado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Al principio, la idea le parecía imposible, "todas teníamos problemas y nos preguntamos: ¿qué les vamos a decir a otras mujeres?", recuerda.

A través de los Espacios Seguros, las lideresas comunitarias, las organizaciones de mujeres y las propias sobrevivientes facilitaron la identificación de casos y el acceso a servicios de salud, protección, justicia, apoyo psicosocial y medios de vida para favorecer la recuperación emocional y fortalecer la toma de decisiones de mujeres y niñas.

La respuesta llegó con el acompañamiento de las gestoras y del equipo del UNFPA, quienes compartieron conocimiento. Con formación, escucha y cercanía, Sandra descubrió que una lideresa no nace sabiendo: se forma aprendiendo junto a otras mujeres y acompañándolas en sus propios procesos.

Cada espacio fue sembrando una nueva mirada y esperanza. Sandra y las demás participantes comenzaron a identificar violencias que durante años habían sido normalizadas y que muchas habían vivido sin entender que un comentario ofensivo, un jalón de cabello, un empujón o una agresión verbal también son formas de violencia basada en género. Aprendieron sobre derechos sexuales y reproductivos, rutas de atención, prevención de las violencias y herramientas para acompañar a otras mujeres, especialmente a las adolescentes y jóvenes. Sobre todo, comprendieron que ninguna mujer debía enfrentar estas situaciones sola.

Ese proceso no solo transformó la vida de Sandra. Durante el último semestre de 2026, el UNFPA lideró espacios comunitarios en Norte de Santander a través de talleres grupales enfocados en el fortalecimiento del autoconcepto, la autoestima, la capacidad de afrontamiento y las redes de apoyo, beneficiando a 805 personas en un trabajo desarrollado junto con lideresas comunitarias, organizaciones de mujeres e instituciones locales.

El Espacio Seguro se convirtió en un lugar de encuentro, en un segundo hogar donde las mujeres reciben acompañamiento, apoyo y la posibilidad de reconstruirse. Es un espacio donde pueden expresarse libremente, ser escuchadas, recibir orientación, participar en actividades que fortalecen sus redes de apoyo y reconstruyen el tejido social. Además, desarrollan capacidades para prevenir y enfrentar situaciones de violencia basada en género (VBG) y acceden a información sobre los derechos de las mujeres, salud sexual y reproductiva, y los servicios de atención disponibles. "En este espacio nacen relaciones de confianza, se activan rutas de atención y se fortalece el apoyo mutuo entre mujeres que hemos vivido experiencias similares", comparte Sandra.

Como parte de esta respuesta integral, UNFPA entregó 140 kits de dignidad, que contribuyeron al cuidado y a la garantía de una gestión menstrual segura, promover la autonomía corporal y reducir factores de vulnerabilidad asociados a la explotación y las violencias.

Hoy Sandra lidera procesos comunitarios convencida de que servir transforma vidas, "el que no nace para servir, no sirve para vivir", afirma. Su liderazgo ha permitido que mujeres colombianas, migrantes, sobrevivientes de violencias basadas en género y mujeres víctimas de desplazamiento forzado encuentren orientación, fortalezcan su autoestima, conozcan sus derechos y construyan proyectos de vida con mayor autonomía. "Hemos aprendido a ser sororas entre todas", dice con orgullo.

Sandra sueña con que las niñas que hoy participan en los espacios seguros se conviertan mañana en lideresas, profesionales y emprendedoras que continúen tejiendo redes de apoyo para otras mujeres. Sabe que el camino aún es largo, pero también entiende que el cambio comienza con una conversación, una capacitación o incluso con un abrazo en el momento indicado.

Al mirar hacia atrás, reconoce que el acompañamiento del UNFPA le permitió identificar su liderazgo, tejer y ser parte de una red de cuidado con mujeres que se apoyan entre sí y descubrir que, cuando una mujer encuentra apoyo, también puede convertirse en el apoyo de otras.